Comentario

La dignidad de la vida humana

Algunas veces pareciera que los problemas de la vida fuesen demasiado grandes para poderlos solucionar. El mundo está plagado de pobreza, hambre, guerra y muchas otras cosas. La situación no varía a pesar del esfuerzo y dinero que invertimos y la tecnología que aplicamos para erradicar estas plagas.

Pero no tenemos más opción que seguir buscando soluciones ya que cada individuo tiene un valor que escapa a toda comprensión. Cada uno tiene un alma eterna.

Desde su comienzo en el vientre de la madre hasta su último aliento, y en todas sus fases intermedias, toda vida humana está dotada de una dignidad fundamental; somos creados a imagen de Dios.

Este planteamiento sobre la vida proviene del relato de la Creación en el Antiguo Testamento, y se refleja en la visión milenaria del Nuevo Testamento de un mundo sin lágrimas. Sin embargo, estamos muy lejos de haber alcanzado ese mundo de paz, a la vista de los conflictos y calamidades que llenan a diario los titulares de la prensa. Hasta que ese día llegue, es responsabilidad de todos — más si cabe de los creyentes — proteger y salvaguardar la dignidad humana de cada individuo.

 

Líderes religiosos, antiguos y contemporáneos, han hecho hincapié en la situación desfavorecida de los más débiles. El proteger a los más indefensos — los que aún están por nacer, los ancianos, los pobres, los que sufren abusos, los desplazados, los enfermos o discapacitados — es el centro de las grandes religiones del mundo, como vemos por ejemplo en la concepción judeo-cristiana del mundo. Isaías en el Antiguo Testamento reprendió a los que “trituraban al pueblo de Dios” y "molían la cara de los pobres"[1]. Y Jesucristo en el Nuevo Testamento dijo a sus seguidores que sirvieran al hambriento, al sediento, al forastero, al desnudo, al enfermo y al cautivo[2].

Dado que todos nosotros en algún momento nos hallaremos dentro de alguno de estos grupos, el llamamiento a servir al débil y más vulnerable se aplica a todo el mundo.

Entre los desamparados y vulnerables entre nosotros están los bebés no natos. El apóstol mormón Quentin L. Cook ha dicho recientemente: "Es tan sobrecogedor el inmenso número de los abortos que se practican en la actualidad que muchos de nosotros lo apartamos de nuestra mente y lo quitamos de nuestra consciencia, quedando así insensibilizados". Aunque los abortos en EE.UU. han descendido en número en los últimos años, hubo más de 920.000 en 2014 [3].  Pero, como dijo el élder Cook, para aquellos que creen tendrán que rendir cuentas algún día ante Dios, estas pérdidas humanas son “una tragedia de proporciones descomunales" y “una grave mancha moral para nuestra sociedad” [4].

La forma en que comienza nuestra existencia simboliza nuestra dependencia de por vida de otros para nuestra supervivencia. "El vientre de nuestras madres nos recuerda que no nos otorgamos nuestra propia existencia", dice Russell Moore de la Convención Baptista del Sur en los EE.UU. "La existencia de ninguno de nosotros sería posible sin los demás y el ecosistema que Dios ha creado para nosotros"[5]. Los bebés necesitan a sus progenitores; los ancianos necesitan quien los cuide; los enfermos necesitan doctores; los refugiados, un hogar; los que se sienten solos, una comunidad. Durante el curso de nuestras vidas, nos necesitamos unos a otros.

Como muchos otros creyentes, el élder Cook dijo que los santos de los últimos días deberían estar "al frente de un cambio de mentalidad y de sentir con respecto a la importancia de los niños"[6]. Las escrituras mormonas enseñan que el propósito de Dios es “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre”. Independientemente de las circunstancias que rodeen nuestro nacimiento, todos tenemos un potencial divino [7].

Pero debido a que muchos creyentes hablan tan efusivamente contra el aborto, a algunos se les acusa de no preocuparse por el prójimo en las demás fases de su vida, dando lugar a parodias sobre los defensores de la vida diciendo que ésta “empieza en el momento de la concepción y termina en el nacimiento"[8].

Por supuesto, no sólo los niños son vulnerables. Con la misma facilidad, se puede ver igual de indefensos a ancianos, discapacitados y enfermos. Como dice Moore, "la vida es algo más que la percepción de lo que nos parece útil". El preocuparse por aquellos que parecen no importar "dice mucho sobre que la vida humana es algo más que instinto, selección natural y la voluntad de supremacía. No somos animales"[9]. Otros merecen nuestro amor, independientemente de su condición física o mental, ya que Dios les ha otorgado una dignidad inherente a la familia humana a la que pertenecen.

A día de hoy hay 65 millones de personas desplazadas — incluyendo refugiados —, un colectivo desamparado, arrastrado por las olas del conflicto, la persecución y la inestabilidad política. Su situación bien merece nuestro amor y servicio. El dirigente mormón élder Patrick Kearon dice que su condición de desplazados "no los define, pero nuestra respuesta servirá para definirnos a nosotros"[10]. Los refugiados merecen gozar de protección y de la oportunidad de superar su situación — el resultado de lo que en la Declaración Universal de Derechos Humanos se llama "los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana” [11]. Puede haber disyuntiva en cuanto a los procedimientos y políticas a seguir, pero debería haber poca discusión sobre el valor y la dignidad de los más desfavorecidos entre nosotros.

Tal vez no podamos hacer que desaparezcan todos los problemas del mundo. Pero podemos marcar la diferencia a nuestra propia manera. Al ayudar a aquellos que no pueden bastarse a sí mismos estamos honrando nuestras raíces religiosas, en verdad, esta es la esencia de una vida devota de Dios. Como Rabbi Jonathan Sacks dice, "No podemos amar a Dios sin honrar primero la dignidad universal de la humanidad, que es a imagen del Dios universal” [12].
 


[1] Isaías 3:15.
[2] Ver Mateo 25:35–40.
[3] Ver https://www.guttmacher.org/fact-sheet/induced-abortion-united-states#1.
[4] BYU devotional (charla en BYU), 7 de febrero, 2017.
[5] Russell Moore, “Onward: Engaging the Culture Without Losing the Gospel” (“”Marchemos adelante, abrazando la cultura sin perder el evangelio”), 120.
[6] BYU devotional, (charla en BYU), 7 de febrero, 2017.
[7] Moisés 1:39.
[8] Russell Moore, http://www.russellmoore.com/2015/07/21/why-were-hosting-the-evangelicals-for-life-conference/
[9] Russell Moore, “Onward: Engaging the Culture Without Losing the Gospel” (“”Marchemos adelante, abrazando la cultura sin perder el evangelio”), 120.
[10] "Refuge from the Storm" (“Refugio de la tempestad”), Conferencia general de abril de 2016, https://www.lds.org/general-conference/2016/04/refuge-from-the-storm?lang=spa
[11] Introducción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (aprobada el 10 de diciembre de 1948).
[12] Rabbi Jonathan Sacks, “Not in God’s Name: Confronting Religious Violence” (“No en el nombre de Dios: cómo combatir la violencia religiosa”).

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