Declaración Oficial

La Iglesia y la Raza: Todos somos iguales ante Dios

Las personas de todas las razas siempre han sido bienvenidas y bautizadas en la Iglesia desde sus comienzos. De hecho, al final de su vida en 1844, José Smith, el profeta fundador de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, se opuso a la esclavitud. Durante ese tiempo algunos varones de raza negra fueron ordenados al sacerdocio. En algún momento la Iglesia dejó de ordenar a miembros varones de descendencia africana, aunque hubo algunas excepciones. No se conoce precisamente el porqué, el cómo o dónde comenzó esta restricción en la Iglesia, pero ha terminado.

Los líderes de la Iglesia buscaron la guía divina concerniente a este asunto y hace más de tres décadas que extendieron el sacerdocio a todos los miembros varones dignos.

La Iglesia comenzó inmediatamente a ordenar miembros a oficios del sacerdocio en cualquier lugar del mundo donde estuvieran asistiendo a sus reuniones.

La Iglesia condena inequívocamente el racismo, lo cual comprende cualesquiera y todo racismo del pasado por personas tanto dentro como fuera de la Iglesia. En 2006, el entonces presidente de la Iglesia, Gordon B. Hinckley, declaró que “…nadie que haga comentarios ofensivos en cuanto a las personas de otra raza se puede considerar un verdadero discípulo de Cristo, ni tampoco puede considerar que esté en armonía con las enseñanzas de la Iglesia. Reconozcamos que cada uno de nosotros es un hijo o una hija de nuestro Padre Celestial que ama a todos Sus hijos”.

Recientemente la Iglesia también hizo la siguiente declaración sobre este asunto:

“Los orígenes de la disponibilidad del sacerdocio no son enteramente claros. Algunas explicaciones con respecto a este asunto se realizaron en la ausencia de la revelación directa, y las referencias en cuanto a dichas explicaciones están algunas veces citadas en publicaciones. Estas declaraciones personales previas no representan la doctrina de la Iglesia”.

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