Mormon Newsroom
Nota de prensa

Unidad en la diversidad

¿Puede una iglesia estar unificada y ser diversa al mismo tiempo? En un mundo global como el nuestro, en el que las personas intercambian ideas y cultura más fácilmente que nunca, quizás sería mejor plantear esta pregunta: “¿Cómo puede una iglesia sobrevivir sin unidad y diversidad?”. Lejos de ser contradictorios, estos dos conceptos se complementan, como las dos caras de una moneda.

Rostros diversos de la gente mormona

“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos con los santos, y miembros de la familia de Dios” (Efesios 2:19).

El rostro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días está cambiando.

Durante un tiempo compuesta mayoritariamente por personas del norte de Europa y concentrada en el estado de Utah, el número de miembros de la Iglesia ha ido aumentando en todo el mundo desde mediados del siglo XX. En la actualidad, ese rostro refleja cada raza y cultura, y tiene más color y más diversidad que nunca.

El mosaico podría sorprenderle. Los Santos de los Últimos Días viven en 190 países, naciones y territorios, hablan más de 120 idiomas y adoran en casi 30.000 congregaciones de todo el mundo. Los brasileños dirigen la Iglesia en Brasil. Los japoneses organizan la obra en Japón. Los alemanes enseñan el Evangelio a los miembros en Alemania. Y la Iglesia, ocasionalmente, crea congregaciones para abordar las necesidades de comunidades étnicas, como los polacos en Chicago, los chinos en Salt Lake City y los camboyanos en Massachusetts.

Hay misioneros de todo el mundo que sirven en más de 400 misiones. Un joven de Italia puede servir en una misión en Inglaterra en la que se habla mandarín; una joven de Australia puede servir en una misión en California en la que se habla hmong; una pareja jubilada de Idaho puede servir en una misión médica en India. Estos voluntarios se adentran en culturas extranjeras y aman a las personas a las que sirven.

Pero las estadísticas sólo reflejan un aspecto; una gran parte de esta historia se cuenta mediante la expresión cultural.

Viva una celebración cultural en la dedicación de cualquier templo SUD y podrá ver la vitalidad de los pueblos del mundo. Independientemente de que se trate de las culturas de Europa del Este en el Templo de Kiev, Ucrania, o los animados espectáculos folclóricos en Buenos Aires, Argentina, estas celebraciones presentan los bailes, la música y la ropa tradicional de los Santos de los Últimos Días en sus entornos de origen.

Cada tres años, artistas mormones de todo el mundo participan en el Concurso Internacional de Arte. Organizado por la Iglesia, este evento presenta pinturas, dibujos, ilustraciones, fotografías, esculturas y mucho más. Reunidas en una exposición ecléctica, colocadas lado a lado, estas obras reflejan la profundidad de la reflexión religiosa y la artesanía de la imaginación espiritual. Los participantes presentan la personalidad de su legado y la sensibilidad de su región. Ninguna perspectiva individual eclipsa a otra y los colores del Evangelio brillan a través de las obras.

En cada país y lugar, los Santos de los Últimos Días contribuyen a su propia cultura. Pero sea cual sea su etnia o su aspecto exterior, tienen una identidad común como hijos del mismo Padre Celestial. La raza es un componente que confirma el propósito de los seres humanos. Aunque estas diferencias enriquecen enormemente, el evangelio de Jesucristo las trasciende todas.

Como el cuerpo de Cristo

“Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo” (1 Corintios 12:12).

Vivir el Evangelio no exige a las personas que renuncien a aquello que las hace únicas.

Las cualidades que componen la identidad y hacen que se desarrolle la personalidad también contribuyen al bien de la Iglesia. En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo comparó la Iglesia con el cuerpo de Cristo. En esa época, las ramas de la Iglesia se extendían por diversas culturas y nacionalidades del Mediterráneo.

Pablo escribió: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo” (1 Corintios 12:13). En la actualidad sucede lo mismo.

La Iglesia cuenta con miembros de prácticamente todas las razas y nacionalidades, y cada uno de ellos es un miembro vital del conjunto.

A pesar de sus diferencias, los Santos de los Últimos Días hallan consuelo en sus elementos comunes. Dondequiera que viajen, ya sea Seúl, São Paulo o San Petersburgo, los miembros de la Iglesia sienten la hermandad de su comunidad religiosa. Comparten un conjunto común de creencias, un vocabulario familiar y un compromiso conjunto de cuidar los unos de los otros. Aunque es posible que no estén de acuerdo en política o economía, crecen juntos al abordar las diferencias con comprensión y sensibilidad.

Al entrar en una capilla mormona y escuchar el ritmo de un servicio de adoración mormón, uno puede sentir como si llegara a casa. Los servicios dominicales siguen el mismo formato, presentan música similar y administran el mismo sacramento. Los sermones utilizan las mismas Escrituras y los maestros enseñan las mismas lecciones. Los mismos recursos se traducen y se distribuyen a congregaciones de toda la Iglesia. Y, sin embargo, cada Santo de los Últimos Días internaliza la experiencia de forma distinta. Una cultura unida del Evangelio existe junto a diversos entornos individuales y sociales.

En definitiva, no hay Santos de los Últimos Días americanos, Santos de los Últimos Días europeos, Santos de los Últimos Días latinos, Santos de los Últimos Días africanos o Santos de los Últimos Días asiáticos. Pura y simplemente, sólo hay Santos de los Últimos Días.

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